Las personas altamente sensibles tenemos un sistema neurosensorial muy fino y desarrollado que nos permite captar un montón de información que para los demás es sutil o pasa inadvertida.

Por eso sentimos cambios de temperatura ínfimos, nos molestan tejidos poco suaves en la piel, o etiquetas, percibimos olores que nos transportan automáticamente a recuerdos anclados profundamente en nuestro cerebro, sentimos más dolor físico y nos sobreactivamos con facilidad.

Los sonidos repetitivos o estridentes nos generan malestar, pero también somos capaces de apreciar cantidad de instrumentos diferentes en una pieza musical que nos erice la piel y nos emocione completamente.

A la vez que las luces fuertes o las imágenes que van de prisa en los anuncios nos pueden estresar.

Sin duda nuestros capacidad sensorial para apreciar los matices a nivel físico, con nuestros cinco sentidos, son una de nuestras mayores características.

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