El sufrimiento en los niños con alta sensibilidad

separator

Quiero que mi hijo deje de sufrir
Si las madres y los padres tuvieran un botoncito de “ELIMINAR” que pudiera borrar el sufrimiento de la vida de sus hijos lo aportarían sin dudar.
Uno de los 4 pilares de la alta sensibilidad es la intensa emocionalidad y empatía,  lo que suele traducirse a menudo en una mayor probabilidad de sufrimiento para nuestros pequeños sensibles. Se empapan de las emociones ajenas, son muy conscientes del dolor del otro, de las desgracias, de las problemáticas que ocurren alrededor a la vez que no son capaces de comprender y aceptar que no pueden solucionarlo todo (y a menudo casi nada).
El sufrimiento viene de la ausencia de bienestar,  que es nuestro estado natural.
Lo interesante sería que en vez de querer borrar el sufrimiento de la vida de nuestros hijos (lo cual es imposible) lo aceptemos y comprendamos para saber manejarlo, porque sin duda se puede reducir y manejar, y cuanta más consciencia adquirimos en el mensaje que nos deja el sufrimiento,  mejor podremos lidiar con él.

Nuestros pequeños PAS tienen un nivel de consciencia elevado y a la vez por ser pequeños no poseen la madurez necesaria para afrontar la crudeza de la realidad objetiva. Por tanto son capaces de ver que hay cosas que están mal, son injustas o duelen y les genera sufrimiento y frustración ver que no depende de ellos cambiarlas en su totalidad.

Entonces ¿cómo ayudarles?
• Aprendiendo a vivir en la gratitud, nosotros los adultos solemos vivir en la carencia, en la búsqueda de lo que falta, de lo que nos debe completar, de lo que todavía no hemos alcanzado, pasando por alto todo el recorrido hasta llegar aquí,  todos los aciertos que nos han mantenido con vida y salud, por ejemplo. Nos quejamos de no tener un mejor coche en vez de agradecer el que SÍ tenemos y nos mueve por la ciudad…
• Aceptando,  algo que nos cuesta muchísimo pero que es realmente liberador, aceptar las cosas por lo que son y vivir lo que es, sin más. Si acepto no sufro, no lucho contra nada, aunque pueda esforzarme en mejorar algo, si lo he aceptado no habrá frustración ni decepción por no conseguir el resultado esperado.
• Profundizando, si me pregunto de forma consciente por el origen real del sufrimiento entonces podré encontrar la respuesta para no parecerlo,  a veces en árbol no nos deja ver el bosque.
• Desdramatizando, que bastante drama interior viven ellos con sus conflictos internos para, además,  dramatizarlos nosotros creyendo que tiene que haber siempre una causa negativa que justifique lo que nos preocupa de nuestros hijos. Aceptemos que van a sufrir y ayudemosles a transitar esa sensación siendo primero maduros y responsables con nuestro bienestar propio.
• Rebajemos expectativas,  no esperemos un niños feliz y sonriente todo el rato, infancia no es necesariamente sinónimo de felicidad. No les presionamos para “ser felices”, acompañemos su proceso de búsqueda de la felicidad, que sea algo SUYO. No es nuestra labor “hacerles felices” eso es imposible, todos y cada uno de los individuos somos responsables de nuestro bienestar. Lo que si puedes es ayudar e influir a que sea más fácil para ellos ser felices.


Si  realmente practicas todo esto dentro de tu estilo de vida, y sabiendo que eres uno de los mayores ejemplos y figuras de referencia de tu hijo, te garantizo que el terreno en el que él abonará sus cimiento será fértil y dará buenos frutos.

 

¿Cómo llevas tú el sufrimiento? ¿Cómo recuerdas que te acompañaron tus padres en ese sentido cuando eras pequeño? 

Si quieres saber más sobre como abordar todo esto de manera detallada te animo a que te apuntes al primer taller online del año: EMOCIONES A FLOR DE PIEL