Cuando la soledad te pesa en la cabeza y el corazón

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Cuántos años me acompañó la soledad rodeada de gente, la incomprensión de aquellos que no sentían como yo, el juicio determinando que todo era mi burda exageración.

Siempre vacía, siempre sola, siempre buscando lejos de mi lo que creía necesario para VIVIR.

No entendía, no comprendía, sólo sufría. Buscando refugio, buscando compasión…

Siempre víctima de la soledad, siempre víctima del desprecio de los demás.

Pero un día… puñetazo en la mesa y se acabó. Si esa sensación iba a depender de que los demás llenaran un vacío nunca iba a estar en mi mano dejar de vivir así. Y asumí la responsabilidad, y aprendí a a reconstruir vínculos. El primero: CONMIGO MISMA. Toda la vida buscando “el alma gemela”, “la mejor amiga”, y resulta que llevaba toda una vida en la sombra esperando que yo le diera cabida en la escena…

¿Cómo iba a tener cualquier relación emocional profunda con los demás, si nunca la había tenido primero conmigo misma? ¿Cómo podía buscar en otros, algo que no había sentido ni dentro de mi?

Ahora parece absurdo y sin sentido, pero en aquellos momentos no lo veía. Puede ser muy difícil ser tan profunda e intensa en un mundo que tantas veces se antoja hostil e insensible, pero colocarme en el papel de víctima rechazada no me serviría para nada. Y de ahí en adelante emprendí un camino sin retorno. Y ¿adivinas que pasó cuando comencé a reconstruirME y empecé a amarME?

Que poco a poco fueron llegando las personas correctas, en el momento preciso y los vínculos se establecieron, la relaciones se renovaron, y compartir camino se hizo ameno y nutritivo para todos.

¿Hace cuánto que te sientes sola y no sabes cómo hacer para que los demás te den un poquito de eso que crees que necesitas?